Inauguración Observatorio Astronómico de IZKI. 30 de septiembre en Korres


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Observando la luna
OBSERVANDO LA LUNA: Mikel, Txusgu y los efectos del Albedo

Desde hace ya muchos meses tenía una “deuda pendiente” con los compañeros de la asociación Mikel y Txusgu y con esta sección de nuestra web.  Pues bien, Mikel y Txusgu hace tiempo sacaron unas imágenes espectaculares de dos zonas de la luna, con dos equipos muy diferentes y un denominador común, la cámara planetaria ZWO ASI120. Los resultados fueron tan prometedores que merecían un artículo en esta sección de nuestra web.

 

Fotografía de Mikel Martínez: cráteres Atlas y Hércules


Esta fotografía la consiguió nuestro compañero Mikel Martínez en el mes de abril de 2015 empleando su newton 200 F5, una barlow Televue x5 y la mencionada cámara ZWO ASI120:

 

 

 

En ella se pueden observar dos grandes cráteres de aspecto juvenil (paredes prominentes y pico central remanente en el caso de Atlas). El cráter Atlas, el más grande de los dos, tiene un diámetro de 87 km y una profundidad de 2,0 km, mientras que Hércules alcanza los 69 km de diámetro y los 3,2 km de profundidad. Por cierto Atlas en el nº72 de la lista Lunar-100, otro más a la saca…
Al margen de estos datos geográficos (o debería decirse selenográficos?), creo que a estas alturas muchos de vosotros os habréis fijado en ese intrincado patrón de fracturas que surca el interior del cráter Atlas, no? Eso es, se trata nuevamente de un cráter de tipo FFC (Fractured Floor Crater) o cráter de suelo fracturado de los cuales ya hemos hablado en artículos previos. Lo curioso es que en este caso, las fracturas (llamadas rimae Atlas) no se reparten por los bordes del fondo del cráter, como sucede a grandes rasgos por ejemplo en los cráteres Alphonsus o Posidonius, si no que parecen seguir un patrón mixto, con una red aproximadamente radial y fracturas esporádicas en los márgenes del fondo. El dónde y porqué surgen las fracturas en el interior de este tipo de cráteres responde al tipo y morfología de las fuerzas volcánicas que empujan desde abajo. A grandes rasgos puede decirse que si estas intrusiones volcánicas subterráneas empujan de manera uniforme como si de un ascensor se tratara, tienen a desarrollarse fracturas concéntricas. En cambio si la intrusión se produce a partir de empujes más localizados como si se tratara de puntas de lanza, las redes de fracturas tenderán a ser en su mayor parte radiales desde estos puntos de empuje…

Al margen de esto, la fotografía de Mikel esconde dos secretos. Uno de ellos es el cráter “fantasma” que se esconde justo a la derecha de Atlas. Es el cráter llamado Atlas-E, del que tan solo podemos ver o intuir la huella de lo que fueron sus paredes. Este cráter nos muestra una imagen futura de lo que pasará con sus hermanos “jóvenes” Atlas y Hércules dentro de muchos millones de años.

El otro secreto es la existencia de unos parches de depósitos volcánicos tanto en el interior de Atlas como en el de Hércules, los cuales se encuentran enmascarados por la escasa iluminación de esta zona lunar esa noche. Tal y como reza el título de este artículo, los efectos del albedo tienen este tipo de consecuencias. Podemos ver en la siguiente imagen, extraída de la fantástica web de la misión LROC (http://webmap.lroc.asu.edu/lunaserv.html), que la iluminación del cráter es clave para poder llegar a percibir las diferentes tonalidades de los materiales volcánicos (señalados con flechas rojas) que han surgido de las fracturas del fondo de estos cráteres:

 

 

Buscando información acerca de estos cráteres he encontrado la siguiente imagen que me ha resultado espectacular. Es una fotografía de detalle de una de las fracturas que Mikel ha podido registrar en su foto. En ella se puede ver el “relleno” volcánico de la fractura, que muestra una textura “suave” producto del flujo de lo que en su día era lava líquida, rodeado de materiales de color claro, probablemente anortosita, y numerosos bloques y “pedruscos” procedentes seguramente de impactos cercanos.

 

Detalle de una de las fracturas que surcan el fondo del cráter Atlas (Fuente: NASA)

 

Fotografía de Txus Gutierrez: cráter Schickard y alrededores.


La segunda fotografía cuyo motivo central es el cráter Schickard y sus alrededores, fue obtenida por el compañero Txus Gutierrez con un sencillo Maksutov de 90 mm y la citada cámara ZWO ASI120:

 

 

 

El cráter Schickard (zona media-derecha de la fotografía) es un cráter espectacular, enorme y antiguo, además de ser el nº 39 de la lista Lunar-100. Tiene 227 km de diámetro y lo más llamativo, al margen del tamaño, es que su fondo está parcialmente rellenado por coladas de lava, las cuales le dan un aspecto bandeado, tal y como puede verse en la foto de Txusgu. Las zonas oscuras responden a coladas basálticas que generan suaves llanuras, en contrapartida con la zona central más clara de aspecto más caótico en fotografías de alta resolución. El efecto es evidente si jugamos con el albedo, siendo más fácil observarlo en noches en las que la iluminación sobre esta zona lunar tenga un alto ángulo, tal y como hemos comprobado antes a partir de imágenes de la web de la misión LROC:

 

 

En la fotografía puede verse otro cráter que siempre me ha llamado la atención por lo curioso que es. Se trata del cráter Wargentin (nº 43 de la lista Lunar-100) situado en la fotografía de Txusgu justo encima de Schickard. Si os fijáis bien os daréis cuenta de que el fondo de este cráter está completamente desbordado de lava solidificada hasta el punto de que el relleno volcánico llega a alcanzar la parte superior de las paredes exteriores del cráter, llegando a desbordarlas hacia la derecha de la fotografía, como si se tratara de un plato de sopa derramándose.

Bueno, pues después de conocer un poco más acerca de estos espectaculares cráteres sólo me queda felicitar a los autores de estas estupendas fotografías, los compañeros Mikel Martínez y Txus Gutierrez. Espero que sigáis deleitándonos con vuestras fotografías.

David Sedano

 

 
Observando la Luna: Cráter Clavius (Lunar-9)

Hace unos meses nuestro compañero Julio propuso comenzar un nuevo proyecto: completar el listado Lunar-100. El Lunar-100 consiste en una lista diseñada por Charles Wood, geólogo planetario y geofísico estadounidense, que incluye los 100 fenómenos más espectaculares y peculiares que pueden observarse en nuestro satélite, en orden creciente respecto a su dificultad. Esta lista fue publicada por primera vez en el número del mes de abril de 2004 de la revista Sky&Telescope y desde entonces se ha convertido en una referencia para millones de aficionados a la observación lunar.

Aquí tenéis el listado completo: http://the-moon.wikispaces.com/Lunar+100

Pues bien, seguramente muchos de nosotros ya habremos observado, aún sin querer, gran parte de la lista del Lunar-100, pero no habremos caído en la cuenta del por qué estos accidentes lunares son tan peculiares. Por eso, la idea a partir de ahora es dedicar los artículos de la serie “Observando la Luna” a explicar el origen de estas formaciones o fenómenos para poder observarlos en toda su magnitud. Repasando los artículos redactados hasta ahora veo que hemos completado los siguientes números de la lista:

 

 

Hoy vamos a sumar un nuevo número a la lista de los Lunar-100 observados hablando del cráter Clavius. La noche del 30 de diciembre de 2014 pude despedir el año de forma anticipada organizando una sesión de observación lunar junto con Abraham y Oscar. La verdad es que la noche fue realmente fría (-5 ºC) pero el paisaje nevado y la luz de la Luna daban al ambiente un aspecto espectacular. El equipo utilizado para la observación fue el habitual, refractor acromático de 152 mm a f6. A pesar de que la transparencia esa noche se notaba que era muy buena, fruto de la helada que estaba cayendo, el seeing no lo era tanto en absoluto. Al comienzo de la observación recuerdo comentar con Oscar y Abraham que el seeing prometía, pero a medida que avanzaba la noche fue empeorando progresivamente pudiendo establecer un seeing promedio de 2-3 en una escala del 1 al 5. En estas condiciones no podía meterle mucha caña al telescopio y el máximo aumento que me permitía tener una imagen más o menos decente lo conseguía con el ocular Televue Radian de 6 mm que me da 150x. Con esta escala de imagen me propuse observar y dibujar un accidente del Lunar-100 que tuviese gran envergadura y, teniendo en cuenta la fase lunar (luna de 8 días), me decanté por el cráter Clavius (Lunar-9).

En las siguientes imágenes podéis ver ejemplos de fotografías de este cráter, tomadas por los compañeros de LaOtraMitad, como por ejemplo la realizada por Mikel Martínez:

 

 

O esta otra de Julio Corredera:

 

 

Se trata de un gran y antiguo cráter, con un diámetro de 225 km, situado muy al sur en las tierras altas lunares. Su situación tan meridional hace que lo veamos de forma oblicua y por tanto la impresión general es que no es un cráter tan grande, pero realmente es inmenso. De hecho el aspecto por el cual fue incluido en el listado Lunar-100 es la ausencia de características de cuenca de impacto a pesar de su tamaño (paredes poco prominentes respecto al entorno, ausencia de depósitos de lava en su interior, etc). En un primer vistazo Clavius destaca entre todos los cráteres en esta zona de la Luna, aunque he de reconocer que Tycho que se encuentra cerca, le quita bastante protagonismo. Lo que más me llamó la atención en el momento de la observación es el juego de sombras que forman las paredes del borde sureste de Clavius las cuales parecen mordiscos en el límite de cráter. El borde se ve interrumpido por dos cráteres bien definidos: Porter y Rutherfurd. Desde este último comienza una serie de cuatro cráteres en arco que se prolongan hacia el interior de Clavius y que se denominan mediante los nombres Clavius-D, C, N y J. La pared occidental de Clavius, iluminada por el Sol se muestra imponente, no en vano alcanza los 3.000 m de desnivel respecto al fondo del cráter, pero es que la pared opuesta, la que se encontraba en sombra y comentaba anteriormente, es aún mayor: 4.000 m!!!! En la siguiente figura podéis ver un perfil topográfico de Clavius. Se ha obtenido en una aplicación GIS-web muy útil para los observadores lunares que tiene muchísima información de todo tipo: http://target.lroc.asu.edu/q3/

 

 

Viendo el espectáculo que ofrecía Clavius a pesar de ser una noche tan desfavorable de seeing, me propuse hacer un dibujo para ilustrar este artículo:

 

 

Tal y como señalaba anteriormente, me llamó mucho la atención la forma de mordiscos que presentaba el borde sureste de Clavius (arriba en el dibujo). Este tipo de estructuras cóncavo-convexas en zonas de escarpe habitualmente están relacionadas con deslizamientos gravitacionales o fallas. Pues bien, una vez consultado el correspondiente mapa geológico lunar (incluso lo podéis visualizar directamente en Google Earth a través de su aplicación lunar), efectivamente se comprueba que han ocurrido fenómenos de deslizamientos de roca en esta zona de Clavius:

 

 

Hay que entender que Clavius es un cráter muy antiguo, del período Nectárico (entre 3.800 y 3.850 millones de años) y por tanto “ha sufrido mucho”. De hecho su gran tamaño denota su antigüedad, puesto que los impactos en los primeros tiempos del sistema solar eran colosales. Sin embargo sus paredes poco a poco se han ido desmoronando por el paso del tiempo y los numerosos impactos, entre ellos destaca el  que originó el cráter Rutherfurd (en rosa en el mapa geológico). Se trata de un cráter muy moderno respecto a los materiales del entorno, de la edad de Tycho o Copérnico (periodo Compernicano: 0-1.100 millones de años) y, como éstos, muestra todo un sistema de rayos o “eyecta” que se prolongan incluso hacia el interior de Clavius y que pueden observarse como irregularidades de aspecto lineal mediante telescopios de cierto diámetro.

En la web que comentaba antes se puede visualizar un mapa que me ha llamado mucho la atención puesto que refleja de una manera clara la composición y edad relativa de los materiales que se observan en Clavius y sus alrededores. Se trata del mapa de temperatura nocturna del suelo lunar. Tal y como puede verse en la figura siguiente, la única zona que alcanza temperaturas en torno a 30 ºK (ojo, que son -243 ºC) es la zona del cráter Rutherfurd debido a que su suelo es tan moderno que aún está formado por roca y no mayoritariamente por regolito (roca alterada) como es el caso de Clavius, lo que hace que guarde mejor el calor acumulado durante las horas de sol (este fenómeno recibe el nombre de inercia térmica).

 

 


Finalmente centramos nuestra atención, como tantas veces, en el cráter Copérnico. Fue la imagen más espectacular que recuerdo de la luna esa noche puesto que se encontraba asomando de entre las sombras del terminador al comienzo de la observación y completamente iluminado al finalizarla: sencillamente te deja sin palabras!!!

David Sedano

 
Observando la Luna: Rimae Hippalus y Reiner

Septiembre 2014

A pesar de que la observación lunar es una de las cosas que más me gustan de esta afición, desde mi lugar habitual de observación planetaria me encuentro un poco limitado a la hora de observar al anochecer todas las fases del ciclo lunar desde la luna nueva, pasando por luna creciente y hasta la luna llena. El hecho es que el observar desde una ventana de mi domicilio me limita en gran medida dada la orientación de mi casa (orientación sur-suroeste), de manera que en el 90% de las ocasiones que se me presentan me tengo que “conformar” con una luna en cuarto creciente. Por ello siempre le tengo muchas ganas a las formaciones lunares que pueden observarse cerca del plenilunio. Por suerte, en los meses de verano en los que la luna se encuentra más baja en el horizonte en dicha fase, se me suelen presentar algunas oportunidades para montar el telescopio y observar. Este fue el caso de los días 5 y 6 de septiembre, en los que me propuse observar “cosas nuevas” entre ellas el Rimae Hippalus y la formación Reiner Gamma.

 

 

 

Localización de Rimae Hippalus y Reiner Gamma. Fotografía genial de nuestro compañero
Julio Corredera.


El equipo utilizado fue el habitual: refractor acromático de 152 mm y relación focal F6, equipado con binoviewer, oculares BCO de 10 mm y glasspath/barlow de diferente magnificación, lo que me permitía moverme en aumentos máximos comprendidos entre los 240x y los 330x. A pesar de que el tiempo estos días estaba ligeramente tormentoso por las elevadas temperaturas que se alcanzan de día, pude comprobar que el seeing no estaba del todo mal, estimo que entre 2 y 3 en la escala de Antoniadi. Como siempre, lo primero que hago es sobrevolar el terminador disfrutando de la vista de esta fase lunar (luna de 11-12 días) que tan pocas veces al año consigo ver. Me recreo un buen rato en el cráter Gassendi, uno de esos cráteres de suelo fracturado de los que hablé en la entrega anterior de “Observando la Luna”, con su red de grietas surcando el fondo. Por supuesto los cráteres Copérnico y Eratóstenes llaman la atención de cualquiera por su impactante relieve, sobretodo en el caso del primero.

 

 

Equipo utilizado para la observación

 

La noche del viernes decidí centrarme en el Rimae Hippalus. Se trata de una serie de rimas o surcos, localizados en el borde exterior del Mare Humorum. La característica que hace especial este accidente lunar es que está formado por al menos tres surcos paralelos entre sí y concéntricos respecto al centro del mencionado Mare Humorum. Con mi telescopio se podía apreciar con facilidad el surco de mayores dimensiones, el que cruza el cráter del mismo nombre, presentando mayor dificultad los otros dos que requerían momentos de calma atmosférica para poder diferenciarlos sin lugar a dudas. Siempre me parece una gozada observar este tipo de rimas que parecen hilos sobre la superficie lunar. En este video se muestra una espectacular secuencia de imágenes tomadas por la sonda Kaguya sobrevolando la zona:

 

 

Parece ser que la formación de este sistema concéntrico de rimas está relacionada con la expulsión de las coladas de lava que inundaron la llanura de la cuenca de impacto que hoy llamamos Mare Humorun, de forma que el gran peso soportado por la corteza en esta zona hizo colapsar parcialmente los exteriores de dicha cuenca formándose esta serie de fracturas concéntricas. Supongo que el colapso se dio aprovechando fracturas ya originadas en el momento de formación de la cuenca de impacto, es decir, si el suelo tiene que romper por algún sitio lo hará aprovechando fracturas preexistentes.

Al día siguiente, el sábado, la fase lunar me permitió observar uno de los lugares que más ganas tenía de ver desde hacía tiempo: el sistema Reiner Gamma. Este accidente lunar se engloba en lo que se denomina “Lunar Swirls” o remolinos lunares, los cuales son poco comunes pero que aún hoy en día su mecanismo de formación exacto continúa siendo un misterio. Para encontrar esta zona simplemente hay que trazar una línea recta desde el cráter Copérnico hacia el cráter Kepler y doblar esa distancia continuando en la misma dirección marcada por ambos cráteres. Nos encontramos con una zona eminentemente plana en el margen del Oceanus Procellarum. Si nos fijamos nos llamará la atención una pequeña zona de color muy claro que contrasta con el fondo oscuro de la lava solidificada. En la imagen que se muestra a continuación se pueden apreciar los remolinos de color claro característicos de esta formación.

 

 

Formación Reiner Gamma

 

En la fotografía de nuestro compañero Julio se puede ver perfectamente esta formación y sus rasgos más generales:

 

 

Localización de Reiner Gamma a partir de los cráteres Copérnico y Kepler.

 

La característica que hace tan especial a Reiner Gamma es que se ubica en una zona de anomalía magnética lunar. A pesar de que la formación de estos remolinos aún continua siendo un misterio, prácticamente todas las hipótesis más aceptadas, incluida la más moderna expuesta por Mark A. Wieczorek et al en el artículo “An impactor origin for lunar magnetic anomalies” publicado en 2012 en el nº 335 de la revista Science, apunta a que la mayor parte de las anomalías magnéticas que podemos encontrar en la Luna, se deben a la expulsión de materiales extralunares altamente magnéticos procedentes de los proyectiles formados durante el impacto que produjo el mayor y más antiguo cráter de impacto en nuestro satélite: la cuenca de impacto Polo Sur-Aitken, ubicada en la cara oculta de la Luna. De esta manera, los materiales metálicos (asimilables por ejemplo a los que componen el núcleo de la Tierra formado por Fe y Ni) procedentes de un cometa o asteroide de gran tamaño expulsados en el impacto habrían llegado hasta la zona de Reiner Gamma, solapándose posteriormente por otros materiales como las lavas del Oceanus Procellarum. Estos materiales altamente magnéticos harían la función de escudo contra la radiación solar de alta energía impidiendo la maduración del suelo lunar en esta zona, lo cual provocaría las diferencias en el albedo (diferencias claro/oscuro) con el suelo circundante.

 

 

Figura extraída del artículo de Mark A. Wieczorek et al (Science nº335, año 2012) que
relaciona las anomalías magnéticas situadas en la cara visible con el impacto que produjo la
cuenca Polo Sur-Aitken en la cara oculta.


En la vista al telescopio llama la atención el anillo elipsoidal de Reiner Gamma y la cola sinuosa que parte de este, lo cual recuerda mucho al aspecto de una serpiente. Estoy seguro de que en una noche muy estable se podrían llegar a observar más estructuras de remolino en las inmediaciones, eso sí aplicando aumentos superiores a 300x. En cualquier caso, observar estas estructuras y pensar en los gigantescos impactos como el de la cuenca Aitken sobrecogen a cualquiera que le eche un poco de imaginación.

En este video realizado por la sonda Kaguya se ve la formación Reiner Gamma en todo su esplendor:

 

 

Y para acabar quiero mostrar un video que he encontrado mientras me documentaba un poco para este artículo, que demuestra hasta qué punto puede llegar la estupidez humana a la hora de intentar explicar algo sin basarse en hechos o pruebas científicas. Sinceramente, desconozco si el video se ha hecho a guasa o no, pero no hace gracia pensar que puede tener como intención engañar a la gente:

 

 

Sin comentarios…
David Sedano

 

 
Observando la Luna: Luna de 6 días

Luna de 6 días (Capella, Janssen y Posidonius).
6 de Marzo de 2014

Después de mucho tiempo de nubes, borrascas, ciclogénesis explosivas y otros factores meteorológicos, por fin el cielo se dignó a despejar en esta húmeda ciudad llamada Vitoria-Gasteiz. Asomé con estupefacción mi cabeza por la ventana y para mi asombro, una espléndida Luna de 6 días se encontraba a tiro para mi nuevo telescopio refractor de 150 mm a f 5,9. No lo dudé un instante y monté todo lo rápido que pude todo el tinglado, y es que cualquier astrónomo aficionado de este rincón del planeta entenderá perfectamente mis prisas dados los antecedentes de nubes  que aparecen inesperadamente en nuestros vascos cielos. Pero no, no era una noche habitual, se mantuvo despejado. Pues bien, comencé la sesión de observación utilizando mi binoview + oculares de 19 mm + 2,6x glasspath lo que me ofrecía 123 aumentos que enmarcaban completamente la Luna.

Mi costumbre antes de entrar en harina es hacer un repaso general a bajos aumentos de los principales detalles lunares para posteriormente centrarme en aquellos que me hayan llamado la atención por su singularidad. En esta ocasión los accidentes lunares seleccionados fueron los cráteres Capella, Janssen y Posidonius. Para poder ilustrar este artículo y situar estos cráteres tomé la siguiente imagen que es el resultado de apilar 5 fotografías tomadas con la Canon 1000D a foco primario del telescopio e incorporando una Barlow 2x.

 

 

 

Una vez elegidos los objetivos de la noche, le calcé 330 aumentos al telescopio para no dejarme ni un detalle por observar:

Cráter Capella

Se trata de un pequeño cráter ubicado en el margen norte del Mare Nectaris. Junto con el cráter Isidorus, muy similar en tamaño, forma una pareja peculiar que recuerdan a un par de ojos mirándote fijamente. Capella se caracteriza por presentar unas paredes bien definidas pero no muy escarpadas, y un evidente pico central. Sería uno de esos cráteres que simplemente pasan desapercibidos si no fuera por una estructura denominada Vallis Capella, la cual forma un surco que rompe el cráter en dirección NW-SE. Lo más curioso de este valle es que parece desgarrar el cráter Capella lateralmente haciendo que parezca que el margen norte del cráter haya deslizado hacia el sureste, como si fuera una especie de falla de San Andrés en la Luna. Sin embargo simplemente se trata de un efecto óptico ya que dicho valle está formado por una cadena de cráteres alineados, y por otro lado cabe señalar que en la Luna no se ha dado una tectónica de placas que permitiera la formación de fallas de desgarre como pasa habitualmente en la Tierra. En la siguiente imagen se puede ver una imagen de alta resolución tomada por la misión Apolo 16.

 

 


Cráter Janssen

Sólo puedo describirlo como “enorme y antiguo”. Me encanta este tipo de cráteres tan machacados, me recuerda lo convulsa que ha sido la historia de nuestro satélite. Se trata de un cráter situado en las highland, cerca del polo sur lunar, de casi 200 km de diámetro. Lo que me llama la atención de Janssen es lo irregular del fondo del cráter, sobretodo en su mitad norte que, con la iluminación que muestra hoy, hace que se formen sombras irregulares dándole un aspecto un poco caótico. Este desorden es el fruto del impacto que produjo el cráter Fabricius, ubicado en el borde noreste de Janssen, lo que produjo el desalojo y posterior depósito por gravedad de los materiales originales que formaban la pared de Janssen, dejando una superficie sembrada de grandes bloques de roca.
Otra característica peculiar de Janssen es la Rima Janssen. Se trata de un gran surco que cruza el fondo de Janssen desde el cráter Fabricius hasta el extremo suroeste bordeando el centro del cráter. Con el refractor de 152 mm me ha sido posible ver dicha Rima y seguirla prácticamente en todo su recorrido aunque he de reconocer que la mitad sur de la Rima es difícil de ver si no se sabe de antemano que está ahí además de que el seeing de hoy no ayudaba demasiado.

A continuación se muestra una fotografía de alta resolución tomada por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter en la que se observa toda esta zona y en la que se puede apreciar la complejidad de la Rima Janssen.

 

 

 

Cráter Posidonius

Sin lugar a dudas uno de mis preferidos y un broche de lujo para terminar una sesión de observación lunar. Se trata de un cráter del tipo denominado “de suelo fracturado” (cráter tipo FFC-Floor Fractured Craters). El porqué de esta denominación se debe a las múltiples fracturas que cruzan el fondo de Posidonius.

En cuanto a la observación de este cráter comencé con un seeing bastante mediocre que tan solo me permitía observar algunos detalles generales del mismo. Podía apreciar el fondo plano del cráter excepto en su extremo suroeste en el que el suelo muestra un aspecto de estar levantado, como si se hubiera inclinado con respecto al resto del fondo. En esas condiciones no me era posible distinguir ninguna característica más allá de las paredes del propio Posidonius y de los pequeños cráteres que se encuentran tanto en su interior como en el entorno. Estaba a punto de darme por vencido cuando de repente la visión mejoró durante apenas un segundo o dos y fue como si hubieran quitado un velo en el objetivo de mi telescopio. El seeing mejoraba por momentos y cada vez conseguía captar más detalles, entre ellos, una serie de colinas que se distribuyen en la zona central del cráter, una gran fractura que comienza en el borde suroeste y se cierra sobre sí misma en forma de U englobando las mencionadas colinas, y el Rima Posidonius: un espectacular surco que cruza el fondo del cráter por su extremo este en dirección N-S.

El juego de sombras que creaban las paredes, los surcos, las pequeñas colinas y los cráteres que acompañan a Posidonius producía una imagen digna de recordar y por ello al día siguiente, aprovechando una nueva noche despejada, me propuse hacer un dibujo que plasmara todo lo observado. A pesar de que el cráter se encontraba un poco más iluminado y las sombras ya no eran tan marcadas, la vista al telescopio seguía siendo muy atractiva. La realización de este dibujo me ha permitido adentrarme  en un campo completamente desconocido para mí, el dibujo lunar. A modo de comentario decir que al principio me pareció muy complicado darle realismo a un dibujo lunar a base de lápiz y goma, pero tras consultar varios tutoriales en Internet he conseguido hacer el dibujo que muestro a continuación. No lo considero ninguna maravilla pero sí que me ha quedado buen sabor de boca.

 

 

 

Durante los días siguientes me dediqué a buscar información acerca del origen de estos curiosos cráteres ya que me resultaba bastante extraño el patrón de fracturas que se desarrollan en su interior y que no llegan a cruzar sus paredes, es decir que la causa de esta fracturación debía estar muy localizada bajo el subsuelo del cráter. Pues bien, encontré un documento muy interesante titulado “Lunar floor-fractured craters: models of sill intrusion and prediction of associated gravity anomalies” de Lauren Jozwiak y James Head (Department of Geological Sciences, Brown University, USA) en el que se propone un modelo bastante consistente que propone una intrusión magmática que se produce bajo este tipo de cráteres y que no llega a alcanzar la superficie (lo que se conoce en términos geológicos como sill o lacolito) la cual puede llegar a abombar y fracturar el suelo del cráter.

 

Figura extraída del documento “Lunar floor-fractured craters: models of sill intrusion and prediction of associated gravity anomalies” de Lauren Jozwiak y James Head.

 

Para acabar la sesión de observación lunar, me dí un relajante paseo a través del terminador fijándome en los cráteres que estaban empezando a ser iluminados por el sol. Entre todos los que vi, el más espectacular con diferencia fue el cráter Theophilus cuyo imponente pico central se encontraba a oscuras al comienzo de la noche y que era finamente iluminado sobre la oscuridad del fondo del cráter cuando acabé la sesión.

La última imagen que se me quedó grabada fue la de los cráteres Atlas y Hércules, ubicados en el extremo norte lunar. Lo que me gusta de este par de cráteres es que su imponente relieve, junto con su localización y la perspectiva que ésta produce, a mí personalmente me da la sensación de estar en una sonda orbitando alrededor de la Luna. Y con esa sensación de flotar en el espacio terminé la sesión de observación, siendo una de esas noches en las que te vas a dormir con una sonrisa después de haber disfrutado como un niño con tu afición favorita.

David Sedano

 

 
Observando la Luna: Rima Hyginus y Rima Ariadaeus


EL cuarto creciente lunar ofrece muchas posibilidades de observación al astrónomo aficionado. En esta ocasión me he centrado en la zona de Rima Hyginus y Rima Ariadaeus sobre la cual realicé una observación recientemente con el ED-80. Estas dos formaciones no entran dentro del grupo de características lunares de las que llaman la atención nada más poner el ojo en el ocular, sino que hay que trabajárselo un poco y aguzar la vista hasta encontrarlas, eso sí, no es nada complicado. Esta búsqueda hace que, una vez que las identificamos, la observación tenga un valor añadido.

Como siempre utilicé mi configuración habitual para observaciones lunares: binoview + 2 Baader Orthos 10 mm + barlow 2,6x. Una vez centradas las dos Rimas en el campo del ocular a 180x, llama poderosamente la atención la Rima Hyginus, mucho más marcada y evidente que la Rima Ariadaeus. En la Figura 1, que corresponde a un mosaico realizado por Julio con el telescopio de 16” del observatorio de Borobia, se puede apreciar la localización de estas dos Rimas. Estas estructuras denominadas “Rimas” consisten en surcos que cruzan la superficie lunar.

 

 

Figura 1: Localización de Rima Hyginus y Rima Ariadaeus.

 


Lo primero que llama la atención al observar ambos surcos es lo lineal que resultan ambas formaciones. Esto nos da la primera pista sobre su formación. Estos hundimientos del terreno son lo que en el planeta Tierra denominamos “graben” y cuyo origen se relaciona con un hundimiento del terreno a favor de dos fallas opuestas de grandes dimensiones.

 

 

 

Figura 2: Esquema explicativo de la formación de un “graben” (Fuente: www.nasa.gov).



Rima Ariadaeus tiene 250 km de longitud y 500 m de profundidad. El hecho de que afecte y atraviese varias formaciones lunares a lo largo de su recorrido nos indica que es un rasgo cuya formación es relativamente reciente.

 

 

 


Figura 2: Imagen de Rima Ariadaeus tomada por el Apolo X.

 


Si Rima Ariadaeus nos ha resultado curioso, Rima Hyginus nos puede dejar con la boca abierta…Utilizando un sencillo ED-80 en noches con buen seeing es posible apreciar una serie de cráteres situados a lo largo del recorrido de la Rima. El que resulta más evidente es el cráter Hyginus que separa la Rima en dos trazos de longitud similar. A partir de este punto y hacia el noreste se suceden una serie de pequeños cráteres perfectamente alineados, muchos de los cuales pueden observarse con pequeños telescopios de aficionado. Una vez que detectamos esta sucesión de cráteres no podemos evitar pensar que el origen de estas formaciones no puede ser el típico impacto meteorítico. El origen tanto de la rima como de los pequeños cráteres que se encajan en su recorrido es volcánico, concretamente su formación está relacionada con la intrusión de un dique volcánico cerca de la superficie lunar. Un dique es una estructura volcánica intrusiva que atraviesa el subsuelo en forma de lámina. Este dique provocó la formación del graben de Rima Hyginus así como la generación de calderas volcánicas a lo largo de su recorrido que, tras su vaciado y desgasificación, sufrieron un hundimiento formando los cráteres alineados que podemos observar a través del telescopio.

 

 

 

Figura 3. Izquierda: Imagen de Rima Hyginus tomada por el LROC (Lunar Reconnaissance Orbiter Camera). Derecha: Croquis explicativo de la formación de los cráteres que pueden observarse a lo largo de Rima Hyginus (Fuente: www.enciclopedia.us.es).



La observación de la Luna con un telescopio siempre resulta ser una experiencia increíble, pero si indagamos un poco más sobre los cráteres, mares y demás formaciones conseguiremos ver la Luna, no como ese cuerpo frío e inmóvil que orbita alrededor nuestro, sino como un miembro más de nuestro sistema solar que en su día tuvo una convulsa y a la vez interesante historia que contarnos.



David Sedano

 

 
Observando la Luna: crater Alphonsus


¿Cuántas veces los astrónomos aficionados nos quejamos de la Luna en esas noches que despeja el cielo y su brillo no nos permite ver un cielo más oscuro? Creo que lo hemos hecho todos alguna vez…Sin embargo esa Luna que nos resulta tan molesta es a la vez muy agradecida de observar, y es que es algo evidente que en esas noches con Luna lo que se puede hacer precisamente es observarla y disfrutarla.

Pues bien, aprovechando el cuarto creciente, me dispuse a realizar una sesión de observación de nuestro gran olvidado satélite. Monté mi telescopio refractor de 120 mm frente a una ventana de mi casa, abierta de par en par. Una vez enfocada la Luna, se muestra soberbia a 110x y la imagen con el visor binocular le da un volumen casi tridimensional. Parece que el seeing me va a permitir darle un poquito más de caña, así que decido meterle 250x y, aunque la mayor parte del tiempo la imagen es un vaivén de ondulaciones, los segundos que la atmósfera se estabiliza me permiten captar unos detalles increíbles. Estuve un buen raro recorriendo el terminador lunar arriba y abajo, el gigantesco cráter Clavius, Tycho y sus eyecta que atraviesan toda la superficie lunar, Eratóstenes con sus escarpadas paredes poniendo fin a la cadena de los Apeninos, el sinuoso Rima Higynus, etc, sin embargo siempre acababa en el mismo sitio, el espectacular trío de cráteres Arzachel-Alphonsus-Ptolomeus y la falla más famosa de la Luna: Rupes Recta.

Pues bien, ahí estaba yo cuando de repente me doy cuenta de que en el interior del cráter Alphonsus destacan una serie de manchas oscuras (llegué a diferenciar cuatro repartidas por el borde interior), de color claramente diferente al fondo del cráter. Es entonces cuando activo el “modo geólogo” y ya no puedo apartar la vista de estos detalles. Para salir de dudas utilicé el libro “Photographic Moon Book” de Alan Chu en el que se explica que estas  zonas se denominan “cráteres de halo oscuro” (Dark Halo Craters – DHC) cuyo origen es volcánico a consecuencia de la expulsión de materiales del manto en forma de depósitos piroclásticos.

Estos cráteres se observan perfectamente en la fotografía de la Luna que sacó nuestro compañero Julio utilizando el telescopio Coyote del Observatorio de Borobia:

 

 


Buscando información sobre este fenómeno me he encontrado con esta espectacular imagen de las misiones Apolo en la que se aprecian perfectamente estas curiosas formaciones:

 

 


El cráter Alphonsus se formó en el período Nectárico hace aproximadamente 3.85 millones de años. Tal y como puede verse en el croquis explicativo que se muestra a continuación, el impacto produjo una intensa fracturación del subsuelo del cráter e hizo aflorar el sustrato de anortosita que puede observarse en el brillante pico central. Durante el período Imbrico se produce un rellenado del fondo del cráter por parte de los materiales expulsados (ejecta) por los grandes impactos producidos en el entorno. Como consecuencia de la compresión y descompresión asociada a estos intensos bombardeos durante los períodos Imbrico-Eratosteniano, el suelo del cráter se eleva reactivando las fracturas y permitiendo la salida de un magma fluido rico en gases en forma de depósitos piroclásticos situados a lo largo de grandes fisuras.

 

 


Figura extraída del artículo: “Alphonsus region: a geologic and remote sensing perpective”, Coombs, C. R., Hawke, B. R., Lucey, P. G., Owensby, P. D., & Zisk, S. H. Lunar and Planetary Science Conference, 20th, Houston, TX, Mar. 13-17, 1989, Proceedings (A90-33456 14-91). Houston, TX, Lunar and Planetary Institute, 1990, p. 161-174.

 

 

 

Finalmente, en el mapa geológico de la Luna se puede observar de forma evidente la relación directa entre estos cráteres de halo oscuro y las fracturas que surcan el fondo del cráter Alphonsus.

David Sedano