EXPLORANDO LOS LÍMITES DE UN TELESCOPIO DE AFICIONADO. Crónica de observación del 09/10/2021

Este pasado puente de octubre, aprovechando la buena previsión meteorológica, pude viajar a un cielo bastante bueno situado en la provincia de Huesca. Concretamente a la zona de Berdún, la cual es (o al menos era, con esto de la contaminación lumínica todo está cambiando a peor) una de las zonas más oscuras de todo el pirineo aragonés. Me llevé conmigo el dobson 12” L-JLV (telescopio newton de 300 m de diámetro y f5) y pude aprovechar a salir con él la noche del sábado al domingo. No tuve mucho tiempo para preparar ni la observación en sí, ni el lugar concreto para hacerlo, pero consultando el bendito Google maps puede localizar una ermita apartada con una zona de explanada alrededor y de aspecto bastante plano, así que allí me dirigí justo al caer la noche.

Una vez montado todo el tinglado, a eso de las 22:30 h procedí a caracterizar el estado del cielo mediante un termómetro infrarrojo, el higrómetro y el SQM-L, obteniendo medidas en el cénit de -33ºC, una humedad del 86%, una temperatura ambiente de 10.6 ºC y un valor SQM de 21.4 que ascendería ligeramente hasta 21.5 hacia media noche. En cuanto a éste último, sin ser un mal dato, realmente pensaba que en este sitio obtendría mejores valores de calidad del cielo, aunque también creo que la pila del cacharrito debe estar ya flaqueando. El valor IR por su parte era muy bueno en el cénit, y muy consistente en varias partes del cielo obteniendo valores de entre -12 y -18 ºC a unos escasos 10º del horizonte, lo cual es especialmente significativo de la transparencia del cielo esa noche.

Nada más empezar a observar apunté a las nebulosas de los velos, que son unos de mis objetos preferidos, y pude intuir que la noche iba a ser bastante buena dado el contraste que apreciaba en las estructuras de gaseosas de este objeto. Empleé para la observación un ocular Meade UWAN de 24 mm (62.5x y 1.31º de campo) y posteriormente un Explorer Scientific UWA de 14 mm (107x y 0.77º de campo). La visión sin filtros permitía identificar la presencia de nebulosidad respecto al fondo del cielo, pero una vez metido el filtro nebular NPB la imagen se convirtió en algo realmente espectacular. Estuve intercambiando dicho filtro con otro de OIII, pero este último no aportaba gran cosa a la visión del objeto. Estuve aproximadamente media hora con estas nebulosas, pasando varias veces del sector este al oeste y detectando tramos de nebulosidad intermedios, como el denominado triángulo de Pickering y varios otros. En esta figura os señalo grosso modo las zonas que pude llegar a distinguir:

Tras este primer atracón de nebulosas, como no tenía un plan de observación detallado, me dediqué en exclusiva a diseccionar algunos objetos que tenía en mente, concretamente la galaxia del triángulo (M-33) y la galaxia de Andrómeda (M-31).

La primera imagen obtenida de M-33 me dejó, como siempre, muy frío. Y es que este objeto, a pesar de su fama, tiene un brillo superficial muy bajo lo que hace que al ocular se muestre muy difuso y poco contrastado. Sin embargo, al haber leído reportes de otros observadores que conseguían sacar chicha de este objeto, me forcé a seguir observándolo con el ocular de 14 mm, y de esta manera, tras bastante tiempo al ocular, empecé a intuir los brazos exteriores adivinando el sentido de giro de la estructura general de la galaxia. Al rato percibí algunas irregularidades en la zona más cercana al núcleo, como límites de contraste entre zonas brillantes y oscuras, las cuales posteriormente pude comprobar que se trataba del comienzo de varios de los brazos espirales. Siguiendo el aparente trazado de uno de los brazos que se dirigen hacia el este, llegué a una especie de zona brumosa bastante brillante que me llamó la atención. Consultando las cartas pude comprobar que tiene una entrada propia en el catálogo NGC, concretamente la NGC 604 (mag 12.0), y se trata de una nebulosa situada ¡en la propia galaxia M-33!, es decir, que estaba observando un pequeño objeto situado en otra galaxia. Estaba alucinando, en parte he de decir que por lo insultantemente sencillo que me pareció detectarla. No tenía ni idea de su existencia hasta esa noche. Animado por esta repentina observación, me lancé a por más objetos de este tipo dentro de M-33, llegando a localizar NGC-592 (mag 13.0), IC-135 (mag 14.0), e IC-137 (mag 14.0), pero debo reconocer que todos estos fueron muchísimo más complicados de observar. Aquí una preciosa fotografía de M33 obtenida por el compañero de LaOtraMitad, Mikel Martinez (concretamente su tercera foto, hace 11 años):

Tras este “entrenamiento” en objetos extragalácticos, me dirigí a la galaxia de Andrómeda (M-31). La visión con el ocular de 24 mm era sencillamente espectacular, y puedo decir (no sin cierta vergüenza) que por primera vez he conseguido apreciar una de las barras de polvo de los brazos espirales, algo que no había conseguido hasta ahora a pesar de los años que llevo viendo este objeto. Con el 14 mm (107x) se perdía un poco la espectacularidad del tamaño de esta galaxia gemela de la nuestra, pero se ganaba en contraste, y en ese momento, consultando las cartas celestes de detalle vi una serie de objetos marcados alrededor y sobre la propia galaxia que me llamaron la atención. El programa que uso como planisferio las marcaba con el nombre G-xxx, aludiendo a cúmulos globulares de la propia M-31. Recordaba haber leído algún artículo del que yo considero uno de los maestros de la astronomía en habla castellana, Patricio Dominguez, en su web: http://www.astrosurf.com/patricio/DS/M31_globulares_extragalacticos.htm. No tenía muchas esperanzas con estos objetos, pero al identificar el primero que intenté, me vine arriba y estuve casi una hora buscando algunos otros. Ni que decir tiene que, dada la nula preparación de la observación, no seguí un patrón de empezar con los más brillantes ni mucho menos, y me limité a buscar aquellos situados en los bordes exteriores de la galaxia puesto que supuse que serían más sencillos que los que se encuentran cerca del núcleo. En total pude observar 5 de ellos, concretamente y por orden: G156, G213, G233, G286 y G78. He de decir que me resultaron muy difíciles, a excepción del denominado G-78, pero es que sinceramente pensaba que eran inalcanzables con un telescopio de 12”. Cuando digo que me resultaron muy difíciles me refiero a que en un primer vistazo no había ni rastro de ellos, a base de insistir, cambiar de oculares (ES 14 mm y 8.8 mm, empleando finalmente éste último para todos ellos) usar visión lateral desde diferentes ángulos, mover ligeramente el campo para detectar “cosas” de fondo y usar todas las triquiñuelas que conozco, podía llegar a visualizar momentáneamente o intuir la presencia de un objeto de aspecto estelar en una posición que era exactamente coincidente con las cartas celestes que me ofrecía el programa. Repetía este proceso varias veces con cada uno de los globulares de M31 hasta cerciorarme de que lo había visto y no era una cuestión de sugestión. De hecho, hubo varios más que intenté y que no conseguí visualizar, así que hubo éxitos y fracasos.

En la siguiente imagen muestro los cúmulos globulares observados aquella noche identificados sobre una espectacular fotografía de M-31 realizada por el compañero de LaOtraMitad, Mikel Martinez (https://www.imagingtheuniverse.com):

La sorpresa vino al día siguiente cuando consulté la magnitud de estos objetos que rondaba desde la 14.7 hasta la 15.6, a excepción del G78 que tiene una magnitud de 14.2. Considerando que mi telescopio tiene una magnitud límite teórica de 14.5, aquí es cuando me asalta la duda, no tanto de si realmente vi lo que vi (puesto que creo que el protocolo que empleé era lo bastante riguroso como para eliminar cualquier atisbo de sugestión), sino de qué porcentaje por encima de ese límite teórico puede alcanzar un telescopio determinado en una noche considerada como buena, un 8% (mag 15.66 en mi caso)? Un 10% (mag 15.95 en mi caso)? ¿Acaso más?

Consultando este tema en un foro de astronomía visual, el compañero Angel L. Huelmo, verdadero experto en esta disciplina, me explicó que el tema de la magnitud visual límite de un telescopio es mucho más complejo que la simple fórmula 7.1+5logD. Lo que puedes ver al ocular “va a depender del nivel de transparencia que tengas, la magnitud límite base que alcances a simple vista, la evolución del contraste con el fondo según evoluciona la pupila de salida, el seeing que tengas y lo compacta que sea la imagen estelar, si trabajas con visión directa o indirecta, y el nivel de probabilidad de detección en el que des por válida la observación, que va a depender en gran medida del tiempo que pases tras el ocular. Y por supuesto, de cómo hayas maltratado a tu retina los días antes, y cómo la haya adaptado durante la observación”. Otro compañero del mismo foro de observación visual, Ángel Checa, apuntaba en el mismo sentido que el límite teórico no es algo que pueda calcularse con una fórmula hipersimplificada, remitiéndome a este enlace que incluyo a continuación: https://www.cruxis.com/scope/limitingmagnitude.htm , en el que rellenas una serie de campos entre los que se incluye el diámetro utilizado, el aumento aplicado, el tipo de recubrimientos del espejo, la limpieza de la óptica, el diámetro de pupila del observador (o su edad), su experiencia observacional y las condiciones del cielo esa noche. Metiendo todos los datos de mi observación en esa calculadora, me sale un valor de magnitud límite para esa noche y esas condiciones en concreto de 15.7, lo cual me resulta muy convincente para lo que pude ver al ocular. Una herramienta verdaderamente recomendable.

Después del subidón de haber visto por primera vez cúmulos globulares ajenos a nuestra galaxia y, por qué no decirlo, de una visita indeseada a mi lugar de observación de un coche con las largas puestas que me arruinó por completo la adaptación a la oscuridad durante un buen rato, una vez se fue y recuperada un poco mi pupila, me relajé observando objetos algo menos exigentes: nebulosas del Corazón y del Alma, cúmulo doble de Perseo, la estrella doble Almach, la nebulosa Mirach´s Ghost y la nebulosa planetaria Saturno.

Tras estos objetos, di por bien aprovechada la sesión hasta la próxima vez que tenga ocasión de volver a disfrutar del cielo nocturno.

Espero que os haya gustado la crónica.

Un saludo.

David Sedano

LaOtraMitad

 

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